martes, 12 de abril de 2016

CONSERVAS SANTOÑA 1960. Uno de mis últimos trabajos.


Últimamente siempre empiezo igual: "Con lo abandonado que tengo el blog" y con ello a vosotros. Juro: nada me hace más feliz que tener esto actualizado; contaros cosas, mostraros recetas, mis novedades y descubrimientos interesantes. Pero no me da la vida.
Ya hace un año que gracias a este blog y a vosotros, que lo hacéis posible, se me empezaron a abrir muchas puertas en la gastronomía: imparto cursos de cocina, soy imagen de varias marcas y hasta me han llamado y a finales de este mes doy una ponencia, ¡Sí!, ¡Una ponencia! en el salón internacional de Alimentaria (mesa redonda entre blogueros y marcas).

Bueno, pues entre trabajo y trabajo a veces me dejo liar por los amigos. Hace poco me llamo uno de estos amigos, Roberto de Santoña 1960, el cual tiene unas conservas y unas anchoas que son impresionantes. Me dijo: "Caco te mando los productos de este año, para que los pruebes y me hagas algo con ellos". Y a mí, que no me gusta un "sarao" dije: "venga".
Pensé en hacerle cosas con todos los productos que me mandara, pero muy sencillas, donde el principal protagonista fuera el producto. Hacerle unas fotos y hacérselas llegar.
Como siempre mi cabeza se puso a dar vueltas y pensé: ¿Fotos? Voy a liar a mi amigo Pedro Klak, así nos vemos y echamos un rato y unas cañas juntos. Pedro es un excelente profesional y un  monstruo de la fotografía gastronómica, da gusto trabajar con él, lo hace muy fácil.
Ahora, os cuento un poco que hice y os enseño.



Octavillo de Anchoa: Si yo tuviera un restaurante, o cuando lo tenga, probablemente si me pidieran una lata de anchoas la serviría así. Un buen pan ligeramente tostado con aceite de oliva virgen extra, para que cruja y esté esponjoso y un buen tomate de los de "resfregar". Del penjar que dicen en cataluña.


















Dingley de anchoa: Aquí me he ido a una cosa que me enseñaron y que hago desde hace años: una buena anchoa va de maravilla, como sabéis, con dulce y con ácido. ¿Qué mejor combinación que con unas fresas maceradas? Con un poco de azúcar para que suelten ese "juguito" rico y unas gotas de reducción de Modena para hacerlo aún mas goloso. Probad.







Aquí no hay más que una ensalada "tonta" a la par que rica. Siempre en la búsqueda del equilibrio de sabor y textura. El amargor y crujir de la endivia, el dulzor del maíz, el ahumado de un pimiento asado, unos dados de tomate, otros de queso, el aporte avinagrado y ligeramente picante de una piparrak.
Mola!!




Anchoa premium:

Un espectáculo de anchoa... Este plato me llevaba tiempo rondando la cabeza. Un día, en el país vasco, oí la tortilla de anchoa. Nada que ver con lo que os presento, pero a mí me vino esto a la cabeza: una especie de bombón de tortilla y anchoa. Tortilla poco cuajada, con bastante cebolla y subida de yema, que se te deshaga en la boca. Con el sabor brutal y delicado de esta anchoa y un toque de pimiento de piquillo asado. 



El mejillón en escabeche:

Pocas cosas más sencillas y ricas, en mi casa de toda la vida, que un mejillón en escabeche con una patata frita. Estos mejillones tienen su "aquel". Carnosos, jugosos, nada pastosos como otros y con un escabeche muy bien elaborado.
































Si le damos un cuarto de vuelta más a estos mejillones, y digo un cuarto y no una vuelta, porque es un chorrada, podemos hacer unos canapés de crema de mejillón.



El relanzón:

Lo conocía, pero nunca lo había probado, al menos que recuerde, o así de rico. Entre la sardina y el boquerón en conserva, más fino que la sardina, y más jugoso que el boquerón. ¿Como? en una coca con escalibada, emulando, aunque de lejos, a la que Manu pone con foie en la Taberna Cocinarte.







































La ventresca:

Protagonista de esta entrada, probablemente por la bonita foto de Pedro Klak, pero también por lo rica que es. Tersa, jugosa, sabrosa...





El mejillón al natural: Si abrís el bote y acercáis la nariz creeríais estar en Galícia, lo juro. Olor total a mar.





Con dos vinagretas. Una que "quiso ser un ceviche" servido en esa lima, con ají, ácidos, etc.

Y la otra, la tradicional, con el jugo natural de abrir el mejillón.





Bonito costera alta restauración:
Puedo afirmar que si no es el mejor, es uno de los mejores bonitos que he comido nunca. Si cierras los ojos y te meto un trozo en tu boca, crees que estás comiendo ventresca. Muy jugoso

Y como, pues como he dicho al principio, dejando que el protagonista sea el producto, "estropeándolo" lo menos posible. Un canapé que a mi me apasiona. Bonito, piparrak, cebolleta y anchoa. Mmmm...
























Huevas de erizo:

Por lo que dijeron las personas presentes en este evento, este es el plato estrella. Un cremoso de huevo con huevas de erizo. Este plato es de hace tiempo, me enseñó a hacerlo mi amigo Andrés Madrigal. Es espectacular, si queréis ver la receta, pinchad aquí.


























Como siempre quiero que quede claro una cosa. Yo no hablo de nada que no haya probado, ni que no me guste. Ni aunque me paguen, ni sea de quien sea. Si he publicado esto en el blog es: porque son productazos, porque se lo curran mucho y son dignos de dar a conocer. A... Disfrutar...







viernes, 2 de octubre de 2015

ARROZ EN PAELLA DE CONEJO CONFITADO CON CURRY DE MADRÁS


Hola queridos amig@s. Con este arroz participo en un concurso/juego de un grupo de Facebook, de mi amigo Ángel Oliva llamado "Los arroces". Siempre que hace estos concursos hago de jurado, pero esta vez me animé a presentar este arroz. La verdad es que no lo hice para esto expresamente, tenía la idea rondando por mi cabeza y ya aproveché.
La temática del juego es: arroz picante. Y aquí está.
Conejo marinado en curry de Madrás, asado al vacío, a baja temperatura, es decir, súper meloso. Se deshace en la boca. Marcado en el fondo de la paella para empezar el arroz, dejando allí esos matices del curry tostado que las verduras y el tomate levantarán en forma de sabor y color.
Vamos a ello.

INGREDIENTES: (2 personas)

Para el arroz:

2 Piernas de conejo confitadas con curry.

160 gr. Arroz variedad Senia.
1 Manojo de ajetes.
1/4 Pimiento rojo.
75 gr. Tomate natural triturado.
8-10 Hebras de azafrán.
1/2 l. Caldo conejo y verduras. (Podéis ver como lo hago pinchado aquí)
Aceite de Oliva Virgen Extra Cornicabra de Óleo Quirós.
Sal.

Para confitar el conejo: (Sous Vide)

2 Piernas de conejo.
Curry de Madrás.
Sal y pimienta.
Aceite de Oliva Virgen Extra Cornicabra de Óleo Quirós.

PREPARACIÓN:

Vamos a lo divertido: cocinar.
Empezamos marinando el conejo, para ello: limpiamos nuestras piernas de posibles impurezas, las ponemos en una fuente, salpimentamos y embadurnamos bien de curry. A continuación, regamos bien con aceite y las masajeamos para que se impregnen de esta mezcla por todas partes (os aconsejo hacerlo con guantes, si no, no os quitaréis el color de las manos en meses).
Introducimos en una bolsa y hacemos vacío. Las dejaremos ahí un par de horas, para que marinen bien, por este proceso, tan escuchado últimamente, llamado ósmosis.
Asamos en horno de vapor a 65ºC cinco horas. Abatimos temperatura y reservamos en la cámara, hasta el momento de la elaboración.

Arrancamos con nuestro arroz: paellera al fuego. Tres o cuatro cucharadas de aceite. Cuando esté caliente, marcamos y doramos bien nuestro conejo, por todas partes. Retiramos y reservamos (ojo, doramos, no quemamos... Como se queme el curry malo).
Rápidamente, según saquemos el conejo, ponemos el pimiento en dados: lo rehogamos dos minutos.
Añadimos los ajetes limpios y en trozos cortados sesgados de unos tres centímetros. Tres minutos más y agregamos el azafrán y el tomate, con un punto de sal. Dejamos hasta que pierda toda el agua.
Llegó el momento del caldo: lo ponemos en la paellera y con el fuego a tope. Cuando rompa a hervir a borbotones, dejamos un minuto y tiramos nuestro arroz. Repartimos bien y no lo tocamos más.
Dejamos hervir, jugando con la intensidad del fuego/tiempo, 15 minutos. Cuando se esté secando, colocamos nuestras piernas de conejo. Tenemos que dejarlo reposar, con el fuego apagado, unos minutos. Y... A disfrutar....

Pd. Mirad, en esta foto, el punto que hemos conseguido darle al grano de esta paella. ¿Véis en el grano los puntitos del curry? Pintón, brutal...













viernes, 25 de septiembre de 2015

BACALAO CONFITADO CON JUGO DE CALLOS Y FALSOS GARBANZOS.

Esta es una de esas recetas que tenía muchas ganas de hacer y probar. Y ya que pasaba por mis manos, por mi cabeza y por mi cocina, antes de hacerla, le di una pequeña vuelta de tuerca más. Y es que me apasionan estos platos que son melosos, con esa "pegajosidad" que se queda en los labios...
Pensé en ponerle unos garbanzos fritos, por buscar textura en el plato. Los tenía de un cocido que había hecho, pero... ¿Y si en vez de buscar textura crujiente, buscamos una todavía más sedosa que el bacalao? Además, jugamos con la persona que se sienta delante del plato: al meterlo en la boca explota una crema con sabor a cocido y jamón.

PREPARACIÓN: (4 personas)

Para el bacalao confitado:

4 Lomos de bacalao desalados.
2 Dientes de ajo.
1 vaso de Aceite de Oliva Virgen Extra Coupage de Óleo Quirós.

Para el jugo de callos:

1 kg. Callos, cortados.
1/2 kg. Morros de ternera.
1/4  Pata de ternera.
1 Mano de cerdo.
1 Cebolla.
2 Dientes de ajo.
1 Puerro.
1 Pizca de jamón picado.
1 Pizca de guindilla.
1/2 Cucharada de pimentón picante de la Vera.
1/2 Cucharada de pimentón dulce de la Vera.
1/2 Vasito de salsa de tomate.
1 Cucharada de carne de pimiento choricero.
Sal.


Para los falsos garbanzos:

Garbanzos de un cocido.
1 Hueso de jamón ibérico.
Caldo de cocido.
Nata.
Gluco y Alginato.
Sifón y carga.
Agua mineral.

Para terminar:

Hojas de albahaca.


PREPARACIÓN:

Como siempre, comenzaremos por lo que más tarda: los callos. Empezamos lavándolos muy, muy, muy bien (en un barreño con agua, rodajas de limón y un chorro de vinagre, frotándolos bastante).

Los ponemos en una olla, junto a la pata y el morro, y llevamos a ebullición. Retiramos ese agua, volvemos a lavar bien con agua fría. Pasamos nuevamente a la olla, junto a las verduras metidas en una red, cubrimos de agua, punto de sal y cocemos unas 4 horas, como mínimo.
Colocamos los callos en una cazuela, troceamos el morro y la carne de las patas y lo añadimos. Pasamos sobre esta cazuela la verdura con un pasapuré.
Mientras, en una sartén, sofreímos (con el aceite) el jamón, los pimentones y la guindilla. Añadimos el vino blanco, damos unas vueltas y agregamos la salsa de tomate y el pimiento choricero. Volcamos, sobre la cazuela de los callos, y cubrimos ligeramente, con caldo de la cocción. Dejamos que todo el conjunto dé un hervor y rectificamos de sal.
Este guiso hay que dejarlo reposar, mínimo 24 horas. Pasado este tiempo, calentaremos y colaremos un poco del jugo para nuestro plato (en la foto lo veis tan rojo, porque está un poco subido de pimentón, que era nuevo del año).

Vamos con los garbanzos: cogemos una parte del caldo de cocido y cocemos el hueso de jamón en él, para potenciar el sabor. Sacamos parte de ese jamón. En un cazo, ponemos los garbanzos, las virutas de jamón y un poco de caldo. Cocemos hasta que quede casi seco. Ponemos la nata y reducimos unos minutos. Añadimos el gluco y trituramos con un vaso americano o Thermomix (por cada 250 gr de esta preparación 7.5 gr de gluco). Pasamos con un colador muy fino al sifón. Colocamos la carga y reservamos a temperatura ambiente.

Preparamos el baño de alginato (5 gr por litro de agua mineral). Batimos para mezclar bien y dejamos reposar.

Con ayuda de una cuchara de esferas, ponemos un poco de espuma en la cuchara y volcamos con cuidado en el baño anterior, simulando el garbanzo. Cocinamos en él, 5-10 segundos, y pasamos a un baño de agua mineral, hasta el momento del servicio. Esto se debe hacer a última hora.

Para el bacalao: os lo he contado mil veces. Así que, si os parece bien, pinchad aquí y lo veis, junto a otra elaboración.

Rematemos la faena: en un plato hondo (uno de risotto o quijote es perfecto) ponemos el jugo de los callos, bien caliente. Sobre este, colocamos el bacalao y distribuimos los "garbanzos" por el plato, estratégicamente. Decoramos con unos brotes de las hojas de albahaca y... A disfrutar...











lunes, 14 de septiembre de 2015

GUISO DE GARBANZOS CON CHOCO Y LANGOSTINOS DE HUELVA.

Bueno, bueno... Queridos amigos...
Pues por aquí andamos otra vez después de seis meses de... llamémoslo, parón obligado y/o necesario. Unas veces y por necesidades de la vida, hay que replantearse las cosas, otras, son necesarios unos pasos atrás, para seguir una larga carrera adelante. Creo que un poco de todo esto ha sido en mi caso.
Como bien sabéis los que me seguís por redes sociales han sido unos meses increíbles, en los que he crecido muchísimo como cocinero y más aun como persona. La cocina ya no es a día de hoy un simple hobbie o entretenimiento. Ya es una profesión. Lo que me ha hecho estar muchos días currando quince y dieciséis horas diarias. Pero... ¿sabéis que? Increíblemente feliz.
Esto es parte de lo que me ha hecho teneros abandonados, pero ahora, tras comenzar el nuevo curso escolar, me he dicho a mí mismo: "Caco, de aquí partió todo, por este blog se te han abierto muchísimas puertas y muy grandes muchas de ellas (ya os iré contando). Así que me debo a él, en definitiva a todos los que me estéis ahora mismo leyendo de una u otra manera".

Empiezo con esta receta por una sencilla razón: hace como una año publiqué unos garbanzos parecidos de calamar y langostino. Yo mismo me he sorpendido de mi evolución y me apetece mostrarlo. Ahora pienso de otra manera. Tengo un productazo y mi mente ha buscado en cada paso como sacarle el máximo partido, el máximo sabor y el mayor respeto al produzco. (Mirad el color de este guiso e imaginad el sabor)

Bueno, que me enrollo como siempre. A lo que vamos: ¡¡¡ MILLONES DE GRACIAS A TODOS !!! 



INGREDIENTES: (4 PERSONAS)

400 gr de garbanzos.
2 chocos medianitos sucios (pesaron 600 gr).
400 gr de langostino salvaje de Huelva.

Para el caldo marisco:

Cabezas y pieles de los langostinos.
Galeras.
Unas gotas de Aceite de Oliva Virgen Extra Cornicabra Oleo Quirós.
Agua.
Sal. 


Para la cocción de los garbanzos:


Caldo marisco.
1/2 Cebolla.
1/2 Puerro.
1 Zanahoria.
1 Hoja de laurel.

Para el sofrito:

Cabezas de langostinos.
1/2 Cebolla.
2-3 Dientes de ajo.
1/2 Pimiento rojo.
1/2 Pimiento verde.
1 Tomate grande maduro.
1 Cucharadita de pimentón.
1 Cucharadita de pimiento choricero.
Brandy.
Aceite de Oliva Virgen Extra Cornicabra Oleo Quirós

Para terminar:

Colas de los langostinos.
Perejil recién picado.


PREPARACIÓN:

Comenzamos poniendo los garbanzos a remojo la noche anterior.

Para el caldo: ponemos unas gotas de aceite de oliva en el fondo de la olla. Añadimos las cabezas (reservando 6-8 para el sofrito), las pieles, las galeras y marcamos ligeramente. Añadimos el agua, una pizca de sal y dejamos cocer 30-40 minutos. Colamos por un chino, apretando, para sacar todo el jugo.

Pasamos a la cazuela, donde haremos el guiso. Añadimos la cebolla, el puerro y la zanahoria limpios. Ponemos los garbanzos y a cocer. No os paséis con el caldo, que cubra un dedo por encima, por lo que evaporará en la cocción.

A la hora podemos arrancar el sofrito. ¿Y como lo arrancamos? Como os decía al principio, buscando sabores.
Decimos a nuestro pescadero que nos limpie los chocos, conservando la melsa (bolsita marrón del interior). Como me enseño Ángel León, en los interiores de los cefalópodos está el sabor, o si os gusta, como a mí, lo hacemos nosotros mismo. La trocemos en cuadrados de unos dos centímetros.

En una sartén, ponemos una cucharada de nuestro aceite de oliva virgen extra y cuando esté bien caliente, añadimos el choco, con una pizca de sal. Aquí, como os he contado muchas veces... Se pega, se pega, se pega, no tocamos y cuando cree esa pequeña costra, sabor en estado puro, golpe a la sartén. Se despega todo dejándonos el sabor en el fondo de la sartén. Dos salteados más y agregamos a la cazuela de los garbanzos.
En esa misma sartén y, por supuesto, sin limpiar, añadimos otras dos cucharadas de aceite de oliva y doramos el ajo. Cuando empiece a "bailar" añadimos y pochamos cebolla y pimientos cortados en "brunoise" (daños pequeños) y un punto de sal. Que queden muy "caídos", unos 20 minutos al menos, tendrán la culpa. Momento de subir un poco el fuego, hacer un hueco en el centro de la sartén y colocar nuestras cabezas de langostinos a dorar (volvemos con esto a buscar el potenciar sabores). Mojamos con el brandy y flambeamos.
Cuando reduzca, bajamos el fuego y será el turno del pimentón. Una vuelta rápida para que no se queme. Le agregamos el pimiento choricero, el interior de la melsa y el tomate pelado, despepitado en dados. Ponemos punto sal y dejamos pochar hasta que desaparezca todo el agua.
Trituramos bien todo este sofrito, junto a las verduras de la cocción del garbanzo y un pelín del caldo, para que nos ayude a pasar. Tiene que quedar una crema espesa (nos "trabará" el caldo del guiso). Colamos a la olla.
Mezclamos bien y dejamos cocer hasta que el garbanzo esté tierno. Rectificamos de sal si fuera necesario.

Ya solo nos queda quitar el intestino a los langostinos (si es que tienen mucho), con ayuda de una brocheta para no abrirlos.
Cuando esté nuestro guiso, apagamos el fuego. Le añadimos los langostinos, con su punto de sal y dejamos un minuto.
Servimos, espolvoreando en el plato perejil recién picado y... A disfrutar...






miércoles, 18 de marzo de 2015

MANITAS DE CERDO GUISADAS, BOLETUS Y CARABINEROS

Buenas amigos... 
Aquí vuelvo con una de estas recetitas que me apasionan. Esos guisos de toda la vida, al que damos esa vuelta, que tanto me gusta y que identifica mi cocina. 
¿Como pensé este plato? Como siempre: en el coche, mientras curraba.
He hecho muchas pruebas de estos guisos tradicionales con cosas del mar y me parecen apasionantes: bacalao confitado con jugo de callos, por ejemplo. 
Esa melosidad de callos, manitas, morros... Con esos sabores del jugo del carabinero o de un pescado es... ¡flipante!
Aquí he buscado eso: que al espachurrar esa cabeza de carabinero, con todos esos maravillosos jugos, se mezcle con ese guiso meloso. Luego, he pensado, que unos boletus confitados acompañarían perfectamente. Esa textura, ese sabor a humedad, a tierra...

Bueno, vamos a ello.

INGREDIENTES: (6-8 personas).

6 Manitas de cerdo (en este caso curadas, pueden ser frescas).
2 Lenguas de cerdo (lo mismo, estas son curadas, pueden ser frescas).
1 Cebolla pequeña.
3 Dientes de ajo.
1 Pimiento verde italiano, pequeño.
1/2 Pimiento rojo.
1 Hoja de laurel.
1 Cucharada de pimentón picante de la vera.
Aceite de oliva virgen extra Coupage Oleo Quirós.
Sal, si hiciese falta (si son curadas no suele, frescas si).
Boletus.
Aceite de oliva virgen extra Cornicabra Oleo Quirós.
Sal y pimienta.
Carabineros.
Perejil recién picado.
PREPARACIÓN:

Comencemos con nuestro guisote.
Si las manitas y las lenguas son curadas, se ponen en remojo (las patas abiertas a la mitad junto a las lenguas), durante al menos 24 horas.
Pasado este tiempo, se cuecen, por un lado, las manos o patas y, por otro, las lenguas con agua (las manitas en olla rápida unos 30-40 minutos y las lenguas unos 20-25). Repito, en olla rápida o exprés. En olla normal sus 4-5 horitas tardan.
Una vez cocidas y en templado se deshuesan las patas. Se romperán un poco, no importa. De hecho, es lo suyo. Se pelan las lenguas y se trocean.
En una cazuela amplia se sofríen bien los ajos, la cebolla y los pimientos picados, junto a la hoja de laurel. Cuando esté todo bien pochado, se añade el pimentón y se da unas vueltas, con cuidado que no se nos queme.
Agregamos las manitas y las lenguas troceadas y mezclamos todo bien. Ponemos un vasito de agua y dejamos que cueza todo el conjunto unos 10-15 minutos. Rectificamos de sal. 
Lo ideal para este guiso sería dejarlo reposar 24-48 horas para que se concentren bien los sabores y esté rico, rico.

Los boletus, como ya os he contado en varias ocasiones, los podéis tener confitados con antelación (esto nos sirve para hongos y setas, en general).
Para confitarlos, necesitamos una sartén amplia (yo los suelo hacer en un wok). Ponemos un vaso de aceite de oliva virgen extra (he usado la variedad Cornicabra, porque sus aromas a campo, hierba, fruto seco, me parecen ideales para esta elaboración). En él ponemos los hongos y las setas muy bien limpias (sin mojarlas), troceadas y a fuego suave. 
Vamos dando vueltas, con cariño y delicadeza, hasta que estén hechos.

Y,  por último, los carabineros. Hacemos un corte, en el cuerpo del carabinero, por la parte superior, separando este de la cabeza. Quedarán así los jugos dentro de la cabeza.
Pelamos los cuerpos dejando la cola.
En una sartén o parrilla, con unas gotas de aceite y una pizca de sal gruesa, marcamos las cabezas y los cuerpos, dando a cada uno su punto de cocción.

Montaje del plato. 
Servimos en el centro del plato el guiso, bien caliente. Acompañamos con los boletus y los carabineros. Espolvoremos con perejil. Y... a disfrutar...
Imaginad ahora cuando espachurréis esa cabeza de carabinero en este guiso. Mmm....
























lunes, 9 de febrero de 2015

ACADEMIA DEL DESPIECE, Un nuevo concepto gastronómico en la ciudad.

Como si de material quirúrgico se tratase, os presento esta entrada en el blog. Venga y, ahora, me explico.
El otro día, tuve la suerte de que me invitaran a descubrir un nuevo concepto gastronómico que ha abierto en Madrid. Se llama La academia del despiece.



Al lado del reconocido y tan de moda local de Sala de Despiece, su creador Javier Bonet, le ha dado una vuelta más de tuerca a su ingenio, creando este nuevo concepto-curso de cocina: una cena, en un aula interactiva, donde descubrir productos y técnicas de cocina, de primera mano. Un ambiente de cena de lo más divertido.
No es un restaurante. No es una sala privada. Es un lugar donde manipular y aprender, de manera interactiva, muchas cosas que nunca pensaríamos en una cena cualquiera.
Un sistema de proyecciones y ambientes creado por dos grandes amigos (Tirso Olazabal y Sergio Copano). Estos dos montruos de la tecnología, hacen de esta fórmula un referente en el mundo gastronómico.
Como yo siempre digo, la gastronomía no es solo un plato en una mesa, no. Es jugar con el comensal, divertirse, compartir, tocar, ver... Esto se consigue, con este sistema, a las mil maravillas.



Todo comienza en una sala contigua llamada la sala de graduación. Donde empieza y acaba el curso.
Al principio, se da un pequeño breafing del funcionamiento y se explican unas pequeñas reglas que se deben cumplir. De las fundamentales: móvil fuera (ponen unas taquillas a tu disposición, con tu propia llave, para dejar tus objetos personales). De esta manera, no hay distracciones, ni se filtran las sorpresas para los siguientes alumnos. Es gracioso, porque aquí se hacen parejas y se forma una fila, como en el cole, para entrar y colocarse, así, en posición, en la mesa.


En este esquema, podremos encontrar también alguna de las cosas que pasan o pueden pasar...

Una vez dentro, se toma posición en tu lugar de la mesa y te encuentras ese set, con el que empecé el post: tus herramientas de trabajo.
Un pequeño cajón ante ti, bajo la mesa, como si de tu caja de herramientas se tratase, para usarlas en  las elaboraciones que realizas durante todo el curso. Las colocamos en su sitio, y... a disfrutar de esta experiencia.
Ese sistema audiovisual, que os contaba que han hecho mis amigos, hace las veces de profesor.
Con cada uno de los 12 platos se crea un ambiente en la sala de luz, música y proyección, con explicaciones sobre la zona de trabajo de cada comensal.
La sala, muy chula, como si de una cámara frigorífica se tratase.





De hecho es la parte trasera de esta, un espectáculo ver esto mientras trabajas.






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Os estoy hablando así y os sonará un poco a chino. En estas dos fotos, sacadas de un vídeo que se emite a cámara rápida, al final del curso, durante la graduación, os haréis un poco más a la idea de la situación. Aquí, veis ejemplo de dos pases de dos platos diferentes.



















Los doce intrépidos que estuvimos en este curso.

Mi amigo Tirso, el creador de este ingenioso sistema y Sara.

En mitad del camino, como en todo buen cole que se precie, hay recreo. Momento de salir, estirar las piernas, comentar la jugada...

Y ya, después del segundo acto, se vuelve a la sala de graduación. Donde, si has realizado el curso satisfactoriamente, te gradúan. Jeeeeeeee
















Bueno, pues ya solo me queda presentaros a Javier Bonet, el creador de esta pedazo de idea, y recomendaros esta experiencia, si queréis pasar un buen rato, alrededor de la gastronomía, de una manera súper amena y divertida.

Para reservar, solo se puede hacer a través de la web: http://www.academiadeldespiece.com
El precio: 70 €, que bien merecen la pena, por la cena y el buen rato.
El lugar: C/ Ponzano, 11. Madrid.
Ah... y más os vale ser puntuales!!!

El creador: Javier Bonet. Yo diría que cocinero, gastrónomo y visionario de la gastronomia.


Por último, os dejo un par de vídeos del final, para que veáis un poco más.




Y ya sabéis... A disfrutar....



martes, 20 de enero de 2015

ARROZ... VERDE QUE TE QUIERO VERDE

Esta receta va dedicada a todos mis queridos amigos arroceros: al gran Nicolás Ríos, a Ángel de Los Peroles de Oli, y a Miguel Ángel, especialmente.
En un principio no elaboré este arroz para publicar y compartir la receta, era solo una idea que tenía en la cabeza. La realicé para acabar un menú degustación a unos buenos amigos, que vinieron a comer el domingo a casa y tenían ganas de probar uno de mis arroces.
Una vez cocinado, después de mucho pensar en la receta, en como lo quería, con que la acompañaría... y, tras ver el resultado, decidí hacerle una foto por si acaso. Ya fue al probar y escuchar los comentarios de mis comensales, cuando dije: esto hay que compartirlo y publicarlo, mola, es vistoso y lo importante es que está rico. Eso sí, con las prisas (menú de siete tiempos para seis personas e intentando sentarme el máximo tiempo posible) no hice las mejores fotos del mundo, pero bueno, se ve, que es de lo que se trata.

INGREDIENTES:

Para el jugo de pollo asado:

Carcasas de pollo de corral.
Alitas y recortes de pollo (si tenéis).
Cebolla.
Puerro.
Agua.
Sal.
Aceite de Oliva Virgen Extra Picual Óleo Quirós.

Para el caldo de verduras y pollo asado:

Jugo de pollo asado.
Cebolla.
Chalota.
Blanco del puerro.

Zanahoria.
Apio.
Nabo.

Recortes de las verduras que usaremos para el arroz (calabacín, trigueros, ajetes, verde de la cebolleta, verde del puerro....).
Sal.
Aceite de Oliva Virgen Extra Picual Óleo Quirós.

Para el arroz:

Arroz (normalmente para estos arroces cremosos uso carnaroli, pero no tenía mi proveedor habitual y usé bomba)
Caldo de verduras y pollo asado.
Cebolleta.
Chalotas.
Puerro.
Ajetes.
Trigueros.
Shitake.
Judías boby (de las redondas, pequeñas, tiernas..).
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Calabacín.

Guisantes frescos pequeños.
Habas frescas mini baby.

Aceite de Oliva Virgen Extra Picual Óleo Quirós.
Sal y pimienta.


Para la crema, para mantecar y colorar más el arroz: (aquí sí os pongo cantidades, para que veáis más o menos la proporción, dando igual para el número de comensales que se haga)

1/2 cebolla.
1-2 dientes de ajo.
Grasa rosada del jamón ibérico.
300 gr. Espinacas.
40 gr. Rúcula.
5 gr. Perejil.
Una cucharadita de orégano. 

150 ml nata cocina.

Sal y pimienta.


Para la mayonesa de ajo negro:

1/2 cabeza de ajos negros.
1 huevo.
Aceite de girasol.
Sal.
Unas gotas de vinagre.

Para terminar:

Láminas muy finas de pata de pulpo cocido.
Pimentón de la Vera.
Aceite de Oliva Virgen Extra Picual Óleo Quirós.
Ito togarasi. Son unos pelos que se sacan de un chile japonés. De sabor dulce, ahumado, muy ligeramente picante. Mi amigo Luis Alcázar y su increíble tienda de especias Black Pepper os lo da y os cuenta mucho más que yo.

PREPARACIÓN:

Como es habitual, empezaremos por lo que más se tarda o podemos tener hecho: los caldos. En este caso, el de pollo asado:

Ponemos, en una placa o bandeja de horno, las carcasas y recortes de pollo, untadas ligeramente con un poco de aceite. Introducimos en el horno, precalentado a 180º-200ºC, como cuarenta - sesenta minutos, dando la vuelta cuando haya transcurrido la mitad del tiempo, para que se asen y se doren bien por todos lados.
Finalizada esta elaboración, colocamos el pollo en una olla y, sobre esta, ponemos las verduras limpias, troceadas toscamente, y tapamos unos minutos, para que exuden. Encendemos el fuego y dejaremos un par de minutos más.
Entre tanto, ponemos un poco de agua caliente en la placa de asar el pollo para desglasar y recuperar todo ese sabor del fondo de la bandeja.
Movemos, para mezclar bien, y agregamos lo de la bandeja. Cocinamos así cinco minutos más. Cubrimos con agua. Dejaremos cocer al menos 2 horas. Filtramos, desgrasamos y ponemos a punto de sal.

Vamos con el caldo de verduras.
En una olla, a fuego vivo, ponemos una cucharada de aceite y fondeamos, dorando bien, sin quemarla, la cebolla, el blanco del puerro y las chalotas, partidas en juliana no muy fina, hasta que tomen un bonito color dorado. Añadimos el jugo del pollo y todas las verduras limpias. Punto de sal y dejamos cocer unos cuarenta minutos. Colamos, desgrasamos, si hiciera falta, y rectificamos de sal. Listo para reservarlo hasta el momento del uso.

Ahora nos ponemos con la crema, para mantecar el arroz, que también puede estar hecha. Para ello, en un cazo, pochamos la cebolla y los ajos, con la grasa de jamón, a fuego suave. Le dará un punto de gracia en el sabor, más aún, en combinación, luego, con verduras y pulpo (lo siento, mi cabeza es así).
Cuando esté bien "caída" añadimos las espinacas poco a poco, al principio parecerá un burrada la cantidad, luego quedan en nada. Después, agregamos la rúcula y el perejil, damos una vuelta, ponemos la nata y añadimos  punto de sal y pimienta. Dejamos que hierva un par de minutos, trituramos y colamos. Volvemos a levantar el hervor y reservamos, tapado con un papel film "a piel" o "en vivo", es decir, que no quede nada de aire entre esta crema y el film, para que no se oxide o se cree una costra.

Siguiente paso: la mayonesa de ajo negro, que también puede quedar hecha. ¿Conocéis el ajo negro? Si no sabéis de él, buscarlo. Ya se encuentra con facilidad y es alucinante, además de muy beneficioso para la salud. Sabor con toques a regaliz, ahumados, dulzón... con un sutil recuerdo del ajo. Pinchad aquí y descubriréis más sobre él. Mola mucho.
Bueno, no tiene misterio ninguno, hacer una mayonesa casera de ajo, pero con los dientes del ajo negro. Ponedlo en un biberón para luego hacer esos puntos, que veis en el plato y reservad.

¿Preparamos el pulpo? Sencillo también: semicongelamos una pata de pulpo asado y, con ayuda de la cortadora de fiambres o un cuchillo afilado y mucha paciencia, hacemos láminas muy finas de pulpo. Reservad.

Y ahora... ¿qué os parece si hacemos el arroz? Para eso hemos venido ¿no?.
Arrancamos nuestro arroz. Os sugiero que os hagáis la "mise en place". Venga, ahora en cristiano, para que lo entendamos todos. Preparemos todas las verduras, con el corte que vayamos a usar cada una, para luego solo tener que ir añadiendo.
Cortamos en bruinose mediana (cuadraditos medianos) la cebolleta, el puerro, la chalota y los shitakes.
Los ajetes, las judías (previamente escaldadas 3 minutos en el caldo) y trigueros, en aritos de 4-5 milímetros.
Como veréis, separé las verduras en los ingredientes con unas rayas, ya que las vamos a hacer en dos tiempos. Es decir, las que os voy a contar ahora, a continuación, las añadiremos a media cocción. ¿Por qué? muy sencillo, porque en estas últimas busco textura, que tengan mordida, que se noten. No deben sobrecocerse.
Sacamos guisantes y habas de las vainas y cortamos el calabacín en cubitos perfectos de 5 milímetros.
En una cazuela baja y ancha ponemos dos cucharadas de aceite de oliva y, a fuego medio, durante un largo rato, pochamos muy muy bien la cebolleta, la chalota, los ajetes y el puerro, con un punto de sal y pimienta. Tiene que caramelizar por si sola y casi desaparecer. A medio camino de este proceso, añadimos los trigueros y las judías y, cuando veáis que casi está, los shitakes.
En este momento, si quisierais, lo podríais parar para tenerlo preparado y luego acabarlo, solo en el tiempo de cocción del arroz. Este fue mi caso.
Con esta elaboración a punto ponemos al protagonista: el arroz. Rehogamos unos instantes y, como os cuento siempre, para estos arroces uso la técnicas de los rissotos. Añadir el caldo bien caliente poco a poco, haciendo movimientos envolventes y suaves, para que el arroz se vaya hidratando y vaya soltando almidón. Con esta técnica conseguiremos darle cremosidad. Cuando absorba casi todo el caldo que le hemos puesto, le ponemos el siguiente. Así, cucharón a cucharón.
Cuando lleve unos tres o cuatro minutos, añadimos las habas, guisantes y calabacín. Seguimos trabajándolo así, con cariño, otros diez minutos más. En total, llevaremos unos catorce minutos. Rectificad de sal si fuera necesario.
Es tiempo de añadir el último cucharón de caldo, mover un minuto más y mantecar con la crema de espinacas y hierbas. Agregamos un poco de crema y hacemos lo mismo que antes con el caldo: esos movimientos envolventes, con delicadeza (ahora mucha más para no romper el grano ya prácticamente cocido). Con dos o tres veces que repitáis este proceso quedará perfecto. Depende un poco de la cantidad que hagáis. Ha de quedarnos cremoso.

Bueno, pues ya solo queda dejarlo reposar un par de minutitos. Servimos en el plato, cubrimos con las láminas de pulpo (la gracias es que no se vea mucho el arroz). Espolvoreamos con un poco de pimentón, un chorreón de nuestro rico aceite y coronamos con el Ito togarasi.
Por último, unos puntos de la mayonesa de ajo negro, para redondear el plato, y lo que os digo siempre. A... Disfrutar...

Gracias, queridos amigos, por venir a casa y dejarme cocinar para vosotros.
A mi hermano Pepe Marín, a mi ya adorada Ruth (el descubrimiento del año), a Carmen Lorenzo (mi actriz favorita) y a Tania y a Alex (esa pareja que tanto me gustó conocer). Estoy seguro de que disfrutaremos juntos muchas aventuras más. Millones de gracias.












martes, 13 de enero de 2015

CONEJO RELLENO (SOUS VIDE) CON NISCALOS ESCABECHADOS

Buenas...
Esta receta es de esas que salen de juntar ideas en mi mente cocinera (o enreda, llamadla como queráis). Llevaba bastante tiempo con ganas de hacer un conejo relleno (con sus interiores, frutos secos, pasas, setas, etc.) Lo tenía ahí, en el fondo de mi mente, casi en el olvido, diría ya. Pues bien, como este año ha habido tanta seta y ya no sabía como hacerlas, por variar, recurrí al escabeche. Me apasionan. En cuanto pensé en ese escabeche, para estos níscalos, enseguida volvió del fondo de mi cerebro este conejo a la palestra. Si juntaba estas dos ideas, tenía un plato redondo, más si lo hacía como imaginaba.
Resultado más que satisfactorio: la mezcla del jugo de conejo con el escabeche de la seta se convierte en una salsa magistral.

INGREDIENTES:

Para los níscalos en escabeche:

Níscalos. Procurad coger los pequeños y tiernos.
Cebolla.
Ajos.
Chalotas.
Zanahoria.
Especias: pimientas (negra, Sichuan, Jamaica, timut...), un clavo de olor, curry, romero, tomillo, orégano.
Aceite de Oliva Virgen Extra Cornicabra Óleo Quirós.
Caldo de pollo suave.
Vinagre de Jerez.
Flor de sal Mediterránea de mi amiga Laura de Flor de sal d´Estrenc (un flipe)

Para el conejo relleno confitado:

Un conejo.
Flor de sal Sri Lanka de mi amiga Laura de Flor de sal d´Estrenc (otro flipe)
Pimienta.
Aceite de Oliva Virgen Extra Cornicabra Óleo Quirós.
Relleno.

Para el relleno:

Riñones, hígado del conejo.
Frutos secos y pasas (este tenía piñones, almendra, avellana y pasas). Sin abusar.
Tocino ibérico.
Recortes de carne de conejo picada.
Shitake.
Ajetes.
Chalotas.
Flor de sal Sri Lanka de Flor de sal d´Estrenc.
Aceite de Oliva Virgen Extra Cornicabra Óleo Quiros.
Una pizca de harina.
Un poco de jugo de conejo.

Para el jugo de conejo:

Huesos y recortes del conejo (ahora os cuento).
Cebolla.
Puerro.
Ajos.
Brandy.
Vino oloroso o amontillado. Un Jerez, manzanilla o incluso un tinto también valdrían.
Caldo de pollo suave.
Aceite de Oliva Virgen Extra Cornicabra Óleo Quirós.
Nueces de mantequilla muy fría.

Para decorar:

Romero.
Cebollino.

PREPARACIÓN:

No nos vamos a engañar: es un plato laborioso, que no difícil. Sí que tiene horas de curro y disfrute, entre cacharros, en la cocina. Más aún si sois como yo, que me traje el conejo entero y me estuve entreteniendo: despiezarmelo, deshuesarmelo y esas cosas. Pero me encanta, me lo pasé guay.
Además, tengo una sorpresa, como la receta es engorrosa y tiene su tiempo he hecho alguna foto de los pasos.

¿Comenzamos? Vamos, que tenemos faena.

Lo primero: preparar nuestro escabeche y nuestro conejo. Dicho así, suena tonto, pero no. Me refiero a preparar el escabeche para que se "tome" y a limpiar, despiezar y deshuesar el conejo para poder seguir con el resto de elaboraciones.

Para el escabeche. En una cazuela amplia y baja ponemos medio vasito de aceite y echamos los ajos chafados y las chalotas limpias, damos unas vueltas, añadimos cebolla en juliana, zanahoria en rodajas y pochamos. Momento de introducir las especias al gusto, las hierbas que nos apetezcan y un punto de la sal mediterránea de Laura (esta tiene aroma a campo, romero, tomillo...). Agregamos un vasito de vino y otro de vinagre y dejamos reducir unos minutos (ojo con los vinagres, no todos son iguales de suaves y/o de potentes). Pasado este tiempo, agregamos dos vasitos de caldo y dejamos cocinar el conjunto, unos quince minutos a fuego medio. Bajamos el fuego al mínimo, introducimos nuestros níscalos limpios, esperamos dos minutos y apagamos. Dejamos así hasta que templen: se irán, además, confitando solos y a la temperatura adecuada. Reservamos.

Para el conejo. Nos lo puede hacer el carnicero: si sois clientes habituales, sois majos y tiene un rato, porque se tarda.
Se trata de quitarle la cabeza, las
patas y las paletillas.
Reservamos también el higadito y los riñones, para el relleno. Ahora cortamos, quedándonos solo con la parte de las costillas. Es momento de, con un cuchillo bien afilado y toda la paciencia del mundo, ir quitando los huesos de la columna y cada una de las costillas, sin destrozarlo. Es difícil, laborioso, pero... ¡tan divertido! Repito, se lo podéis pedir al carnicero.
Conejo deshuesado listo para rellenar.
Reservad todo.
Cada parte para su elaboración.
Podeís ver el resultado en esta imagen.














Con este paso dado, ya podemos marchar el relleno y el jugo. Empezaremos por este último, ya que necesita horas de reducción.


Para el jugo de conejo: en una olla, con un chorreón de aceite de oliva, doramos muy, muy bien los huesos y recortes del conejo (solo me quedé las patas y paletillas para otra elaboración).
Cuando esté bien dorado y haya tomado un bonito color bronceado, ponemos la verdura, toscamente troceada, con los ajos chafados encima y dejamos unos minutos, sin mover, para que suden. Movemos y fondeamos este conjunto bien con un punto de sal. Que coja color también.
Añadimos un buen chorro de brandy y reducimos a seco.
Agregamos ahora un buen vaso de oloroso y hacemos lo mismo: que reduzca a seco.



Cubrimos bien con caldo y dejamos cocer y cocer, y cocer... Colamos, presionando bien y cocer, cocer, cocer... Este jugo se consigue por reducción. Para que os hagáis una idea: de unos tres litros de líquidos, el jugo resultante puede quedar unos doscientos cincuenta  - trescientos mililitros. Eso sí concentrado y con un sabor brutal.
Ligamos y damos textura y brillo con la mantequilla muy fría y movimientos circulares de la cazuela.



Ahora, el relleno: en una sartén, sin nada, tostamos los frutos secos. Reservamos. Ponemos unas gotas aceite (poco) y doramos el hígado y los riñoncitos del conejo, sacamos y troceamos junto a los frutos secos. Nos interesa que esté picado, pero que se encuentre algún trozo. Buscamos texturas aquí: la suavidad de los interiores, el crujiente del fruto seco... (luego será muy agradable con el plato acabado).

Pochamos los ajetes y chalotas troceados. A media cocción, añadimos el tocino, para que vaya sudando y soltando su grasa, por esto lo de poco aceite. Nos aportará sabor y jugosidad.
Seguimos añadiendo el poco de carne de conejo picada y los shitake. Cuando este conjunto esté, añadimos la anterior picada, de los interiores y los frutos secos.
Momento de poner punto de sal (la de Sri Lanka, con esos aromas tan impresionantes, hizo este plato más grande). Podéis usar la que queráis.
Añadimos una pizca de harina, sofreímos bien y un poco del jugo de conejo, para que el relleno quede compacto, jugoso, con sabor y texturas.
 
Bueno... Pues ya va quedando menos. Jeeee.
Con esta elaboración templada (no demasiado caliente) rellenaremos el conejo. .
Extendemos en la tabla un trozo hermoso de papel film. Ponemos en él un poco de sal y pimienta y, sobre esta, el conejo abierto, con la parte exterior hacia abajo. Salpimentamos por el otro lado y colocamos nuestro relleno.
Enrollamos con ayuda del papel film y dándole vueltas sujetando dicho papel por las puntas (como de si de un caramelo se tratase). Hacemos rodar para que se forme un rollo y se compacte.
Introducimos así en la cámara, para que no se deforme, un par de horas.

Retiramos el film y envasamos al vacío, con un medio vasito de aceite.


Cocinamos en horno de vapor a 70º dos horas. Pasado este tiempo, si lo vamos a consumir inmediatamente, sacamos y terminamos como ahora os contaré. Si no, hay que abatir la temperatura rápidamente, para evitar la propagación de bacterias, bien con un abatidor (no es mi caso) o bien en una pila con agua y hielos.


Como siempre digo: si no tenéis máquina de vacío, ni horno vapor, podemos marcarlo en una sartén con un poco de aceite y acabarlo en el horno a 150º, unos veinte - treinta minutos.

Para terminar el conejo: si lo teníamos preparado y en cámara, regeneramos en un baño María, sacamos del vacío y lo glaseamos unos minutos, con el horno fuerte, pintándolo con jugo constantemente.

Montaje y terminación:

Troceamos el conejo de la manera que más os guste.
Ponemos en la mitad de un plato nuestros níscalos, con parte de las verduras y caldo del escabeche. En la otra mitad, nuestro conejo troceado con su jugo.
La gracia es cuando se mezclan ese jugo y ese escabeche al comerlo.
Mmmm, tiempo después, aún se me hace la boca agua escribiéndolo y recordándolo.
Decorad como más os guste y... A disfrutar...